19 de Septiembre del 2009
Hoy es nuestro penúltimo día en Perú. Y nos vamos a las Islas Ballestas que ya nos quedaron pendientes en nuestro anterior viaje.
Salimos del hotel muy pronto, antes de las seis de la mañana, salen autobuses diarios muy a menudo. El viaje dura más de tres horas. No tenemos mucha información pero deducimos que se ha de estar pronto para poder reservar una de las barcas que salen hacía las islas.
LLegamos al cruce de la Panamericana con la carretera hacia Pisco (está a pocos kilometros) a las 9:30. Nos han dicho que lo más económico es subirse en un auto colectivo que te lleva a la Plaza de Armas de Pisco. Hace más de dos años que hubo el terremoto y justo acaban de asfaltar la carretera. En las calles de Pisco aun se pueden observar los efectos del terremoto, terrenos vacios donde antes hubo casas, la iglesia en condiciones pésimas, las calles sin asfaltar… pero no deja de ser una ciudad bulliciosa.
Cuando llegamos a la Plaza de Armas contactamos con una agencia pero no nos dan una información muy clara. Decidimos coger un taxi y nos vamos para Paracas de donde salen las barcas. Cuando llegamos ya nos estan esperando para subirnos a una lancha. No tienes opción de elegir, te persiguen hasta que consiguen que subas a su barca. La verdad es que te sientes muy agobiado y sin posibilidad de mirar otras opciones. Como que es tarde y no podemos arriesgarnos aceptamos el precio y subimos en la lancha que nos está esperando para salir, somos los dos últimos pasajeros.
El viaje, todo y el mal tiempo es fascinante. Lo primero que vemos es el famoso Candelabro , una figura excavada en la tierra hace cientos de años y que aun no se sabe quien la hizo y como se hizo. Se supone que está relacionado con las líneas de Nazca pero aun no sabe la razón de su existencia.
Seguimos nuestro camino hacia las Islas Ballestas, que forman lo que se conoce como Islas de Guano. Esto es debido a la gran presencia de aves en la región. El guano (wanu en quechua) es el nombre que reciben los excrementos de las aves (sobre todo marinas) y murciélagos cuando éstos se acumulan. Para ello se requiere también de un clima árido o de escasa humedad, que curiosamente se da en esta parte del mundo. El guano es de gran valor en Perú por su función fertilizante. Todas las industrias necesitan de este elemento para permitir el crecimiento de vegetales y se paga por él sumas cuantiosas.
Nos acercamos y sobre nuestras cabezas (con el peligro que conlleva…) vuelan cientos de aves. Los biólogos aseguran que el encuentro de las corrientes Humboldt y El Niño, han permitido esta abundante fauna. El maravilloso clima que se generó posibilitó la existencia de plancton en exceso, imprescindible para la vida subactuática.
Cuando nos acercamos podemos ver aves acuáticas como el guanay, los pelícanos y los que más nos llaman la atención: los pingüinos de Humboldt. Son los únicos que viven en las costas de Perú, pasan la mayor parte de su vida en el mar, en la corriente peruana de Humboldt.
La otra gran atracción de esta Reserva Nacional son los lobos marinos, que estan descansando en las escarpadas rocas de las Islas o en una de las playitas que hay.
Después de rodear las islas volvemos a Paracas. Paseamos un rato por el paseo marítimo,comemos en uno de los muchos restaurantes que hay en la zona y como que el tiempo no mejora decidimos volver a Lima, en un autobús con parada en todas las estaciones, y con revisores casi en cada parada. La confianza en los propios trabajadores de la compañia les lleva a hacer controles continuos de las subidas de pasajeros.
Cuando llegamos a Lima, salimos a cenar y dar una vuelta por el barrio de Miraflores. Como que es sábado la ciudad está muy animada.





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