












11 de Septiembre del 2009
Nos levantamos pronto y paramos un taxi para ir a la terminal de colectivos hacia Huancavelica. El taxista no lo tiene muy claro y nos acaba llevando a la terminal de los autobuses que salen a la Merced (Terminal de los Andes). Preguntamos allí y le indican hacía donde tiene que ir. Nos comenta que llevaba unos años fuera de Huancayo y está un poco perdido. Nos hace gracia porque para asegurarse llama a su “mamita” que le confirma la dirección. Al cabo de 10 minutos llegamos a la calle de donde parten los autos colectivos.
En la guía hemos visto que pone que hay dos opciones, la carretera asfaltada y un desvio en algún punto, que algunos autos toman y que por lo visto tiene unas vistas maravillosas. Le hemos preguntado a Jorge y nos ha confirmado que hay un desvio por el pueblo de PALCA, que es un camino de trocha (pista sin asfaltar) que es muy bonito pero que hemos de acordarlo primero con el taxista del colectivo. Nosotros sabiamos que iban autobuses hacía Huancavelica pero hay la opción de los colectivos, son taxis que salen cuando estan completos y el viaje es más rápido que en autobús, pero un poquito más caro.
Sólo llegar a la terminal, se nos acercan, almenos cinco taxistas para preguntar donde vamos. Les decimos que queremos ir a Huancavelica pero por el camino de trocha y nos comenta que no hay problema si los otros pasajeros estan de acuerdo, pero que si le pagamos como si fueramos cuatro pasajeros (100 soles, 25 por pasajero) nos lleva a nosotros solos y se detiene para hacer fotografías. Nos lo pensamos y al final decidimos que sí vale la pena y al cabo de 5 minutos ya estamos rodando para Huancavelica a toda velocidad. Nos comenta que más o menos se tarda igual desviandosnos que si fueramos por la carretera, unas dos horas y media.
La carretera serpentea cruzando las montañas, ahora subimos, ahora bajamos. Durante un rato vamos siguiendo el valle del rio Mantaro. Uno de los pueblos más grande por el que pasamos es de Izcuchaca, desde la carretera vemos el puente histórico, que según la leyenda, fue construido por los incas y defendido con Huáscar contra el avance de las tropas de Atahualpa durante la guerra civil que padecía el país (el Tahuantisuyo=imperio inca) cuando llegaron los españoles.
Seguimos pasando por pequeños pueblecitos y hay uno que nos llama muchísimo la atención, todas las viviendas estan pintadas con alegres colores y algunas tienen dibujados motivos en las paredes. Esto es muy poco habitual en Perú, la mayoría de las casas estan con el tocho a la vista. Nos explica el conductor que el pueblo se llama Cachillas Bajas y una ONG ha invertido en la pintura y el material y la mano de obra la han puesto los lugareños.
Finalmente llega el desvio por el camino de trocha y nos adentramos por un pequeño valle estrecho, con un par de pueblecitos y varias chacras (casas con sus campos de cultivo) . Lo que más nos llama la atención son sus gentes, las mujeres que se dirigen al pastoreo con sus animales, los niños que caminan horas para llegar a la escuela, los hombres trabajando el campo, a veces parece que no ha pasado el tiempo en la sierra Andina. Mientras las mujeres realizan el pastorero aprovechan el tiempo hilando lana mientras llevan a sus espaldas a sus bebes.
Cuando llegamos al final del valle, pasamos por el último pueblo y empezamos a ascender hacia un collado. Las vistas increíbles, sólo montañas de mas de 4.000 metros de altura y rebaños de llamas, alpacas y ovejas. Las sensaciones no se pueden explicar. Finalmente empezamos a descender y podemos observar al fondo del valle la ciudad de Huancavelica, cobijada entre las escarpadas montañas.
Una vez en Huancavelica nos dirigimos a la Plaza de Armas. Hay mucha actividad, por lo visto estan celebrando un festival de folklore. Hay un grupo numeroso de gente vestidos con sus tradicionales y coloridos trajes andinos. Entramos en la Oficina Municipal de Turismo donde Candy Fanny y Fanny Susan nos atienden con gran amabilidad y simpátia explicandonos con detalle todo lo que podemos visitar en la ciudad y alrededores. Como curiosidad nos explican que las señoras con el traje típico que llevan más flores en el sombrero son las que tienen más ganas de casarse.
Paseamos por el centro de Huancavelica, es una ciudad pequeña, tranquila, y un poco olvidada del mundo debido a su situación geográfica. En la ciudad hay ocho iglesias, de las cuales visitamos la de San Sebastian, San Francisco y Santo Domingo. En la catedral no pudimos entrar porque estaba cerrada. También pasamos por el Puente Colonial de la Ascensión. Como ese mismo día debiamos regresar a Huancayo no pudimos visitar los alrededores, donde cabría destacar la Mina de Santa Bárbara o de la Muerte donde se empezó a extraer mercurio en el S.XVI y que según nos explicaron los indígenas que entraban nunca volvian a salir. En el exterior estaba la Iglesia de Santa Bárbara y a todos los trabajadores se les hacía una misa de defunción en cuerpo presente porque sabian que nunca más volverian a ver la luz del día después de entrar en la profundidad de la mina. En el interior de ésta hay una ciudad subt erránea, donde se dice que habian casas, calles y hasta una plaza de toros de la cuál no hay vestigios. Nos comentan que quieren declararla patrimonio de la Unesco. También parecian interesantes los baños termales de San Cristobal y el Baño de los Incas y las Tres Boas.
Comemos en un restaurante céntrico, entre los platos típicos de la región está el carnero al palo que está muy rico y la pachamanca, que son carnes y tuberculos preparados con el calor de las piedras y enterrados bajo tierra. La bebida tipica es la chicha morada.
Cuando acabamos de comer empieza a llover y decidimos ir a la Terminal Terrestre a buscar el Autobus con dirección a Huancayo. Cuando llegamos, hay justo uno a punto de partir de la empresa TICLLAS. Nos sorprendimos cuando en la primera parada que hizo el autobus para recoger pasajeros se había producido la venta de boletos por duplicado. La revisora y acomodadora con gran pacienda fue apaciguando los ánimos y colocando a la gente. Hubo unos cuantos pasajeros que pasaron más de la mitad del viaje de pie entre los asientos.
Después de cuatro horas de autobús, llegamos a Huancayo donde aprovechamos para realizar las compras de recuerdos en el Mercado del Artesano. Cenamos en un pequeño restaurante, llamado Cookie al lado del Hotel, donde tienen todo tipo de jugos, sandwiches, hamburguesas, empanadas y pasteles. Todo muy apetecible…. y después a dormir!





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